Chispeante Elixir de Postre

Mario Cordova

En el resto del elenco debe destacarse el exitosísimo arribo de la soprano Pamela Flores (Adina), abordando su primer gran protagónico en el Municipal.

Está finalizando la ópera 2013 del Teatro Municipal con “El elixir de amor”, obra que junto a “El barbero de Sevilla” aportó pura comedia y frescura, como buen contrapunto a las intensidades dramáticas de “Parsifal”, “Romeo y Julieta”, “Billy Budd” y “El trovador”.

Está servido el postre de la temporada y visto el estreno de las funciones de segundo elenco (Estelar) queda la satisfacción de tenerse una representación donde todos sus componentes se han conjugado en una puesta en escena enteramente exitosa, con matices que privilegian y aumentan la chispa y jovialidad que el primer elenco (Internacional) muestra con retención.

En este nuevo contingente de solistas hay un fuerte dominio del talento nacional, pues de los cinco cantantes que lo integran cuatro son chilenos. La excepción está dada por el ruso Anton Rositskiy (Nemorino), quien tras un comienzo que deja algunas dudas es capaz de brindar un segundo acto formidable, alzando un vuelo que lo luce como un belcantista pleno, portador de una enorme batería de recursos (agudos, matices e incluso coloratura) que llega al mejor de los puertos con una entrega soberbia de “Una furtiva lágrima”.

En el resto del elenco debe destacarse el exitosísimo arribo de la soprano Pamela Flores (Adina), abordando su primer gran protagónico en el Municipal. Con una excelente figura, gracia actoral y un regio timbre lírico-ligero de sólidos agudos, hace suyo el caprichoso personaje en forma integral, dejando abiertas grandes puertas para nuevas responsabilidades. Andrea Aguilar (Giannetta) sigue aquí desarrollando su carrera con un rol que si bien, dado su grosor vocal, no le calza a la perfección lo sirve con excelencia y muy cómoda expedición en la zona de extremas alturas.

Cubriendo los otros dos personajes masculinos hay dos consagrados: Sergio Gallardo (Dulcamara) y Patricio Sabaté (Belcore), a sus anchas en sus respectivos cometidos. El primero parece haber nacido para encarnar roles de bajo bufo, ya que al astuto charlatán lo sirve con sobrada comodidad y, vaya si es importante, con una comicidad muy contagiosa. En su dilatada y triunfal carrera, Sabaté ya tiene poco más que lucir en cuanto calidad de voz, canto y dotes de comediante, pues el arrogante militar se encuentra aquí con un intérprete de lujo. Lo mejor del elenco.

Si la necesaria chispa, jovialidad y frescura que debe derrochar “El elixir de amor” hay que entenderlas como sinónimos de agilidad y velocidad en el servicio musical mismo, sentimos que la opción del maestro Allemandi por hacer así las cosas es de alto riesgo. Sus tiempos, en algunos pasajes casi desbocados, aportan energía, pero merman los justos espacios que necesita el bel canto de Donizetti.